Los domingos son unos de esos días, tanto en invierno como en verano, que si no haces nada especial o no rutinario con tu vida se puede convertir en un día de lo más deprimente. Con esta sensasión comencé esta mañana la primera jornada dominical de mis vacaciones, además de con unas agujetas en la parte trasera de mis piernas y al final de la espalda que aún me duran. Tenía por delante todo un día dominical de verano que llenar y mi cuerpo parecía no tener muchas ganas de hacerlo.
Para ello nada mejor que un buen desayuno en el balcón, como ya es tradición, en una apasible mañana en la que no se escuchaba en la ciudad ni una mosca. Poco a poco mi cuerpo fue animándose, aunque me cueste reconocerlo, poniéndome a recoger la casa. Contra las agujetas o el dolor muscular tras un día de playa marcado por los largos paseos por la orilla del mar, nada mejor que darle vida al cuerpo. Que si recojo la cocina, que si paso la aspiradora por la casa, un poco de polvo fuera de los libros de la estanteria, etc.
Partiditas con la Nintendo DS y todo un clásico, Super Mario, me han llevado a un mediodía marcado de nuevo por la paella. Sobró un poco del almuerzo del viernes y lo hemos aprovechado hoy. Poco a poco y sin darme cuenta esa apatía ha ido desapareciendo y ha sido gracias... entre otras cosas placenteras que no voy a entrar a relatar, a las series de televisión.
Hoy ha sido un día en el que he comenzado a cerrar puertas, serialmente hablando. He terminado de ver el tercer y último capítulo de la primera temporada del remake de Arriba y Abajo. Soberbia la serie, que capacidad para emocionar, que bien dirigida, interpretada y que buena escenografia, vestuario y demás atrezos. Pero me he quedado con ganas de mas. Una serie de esta envergadura y que tan solo tenga tres capítulos es demasiado poco para dejar satisfecho al espectador ante un producto tan exquisito.
Luego, sin tiempo para el descanso, también he retomado el final de la segunda temporada de Hung. La tenía atravesada, tras quedarme colgado en más de una ocasón en la visualización online del octavo capítulo y a falta de tan sólo tres episodios del final. Hoy lo he retomado y ya solo me quedan dos para terminar la temporada y cerrar la puerta, por ahora, de Hung. Otra joya de serie pero en otro estilo que cuenta las peripecias de un maestro de educación física, separado y que atraviesa por una crisis económica entre otras. Este señor descubre que uno de sus principales potenciales para hacer negocios es su miembro viril sobredimensionado, es decir, bastante grande, que lo llevan a convertirse en gigolo u hombre de compañía de señoras adineradas e insatisfechas.
Tras recoger el lavavajillas y tender la ropa,que uno también es amo de su casa, me espera un fin de tarde sin la presencia de mi esposo. Compromisos laborales lo han apartado de mi en esta tarde en la que me acompaña el viento, quien, como si en la costa me encontrase, sopla con bastante fuerza.
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