martes, 20 de julio de 2010

Día 6 (Hogar, dulce hogar)


Buenos días, querido diario

Hoy he amanecido en Sevilla, en mi casa, mucho más descansado y recuperado del viaje. Ayer fue un día muy ajetreado y cansado, ya que a las pocas fuerzas que nos quedaban tras día y medio de viaje y estancia en Madrid se sumó la vuelta en autobús a casa. Antes y tras comprarse mi marido(aunque él dice que lo menciono mucho) un libro de cuentos completos de Truman Capote, nos acercamos a Plaza Castilla. Tenía curiosidad por ver las Torres Kio y la verdad es que merece la pena, porque son una construcción impresionante en un Paseo de la Castellana también impresionante, en el que se pierde, entre tanta grandeza, un monumento dedicado a Calvo Sotelo.
Otra de las impresiones que he sacado de mi visita relámpago a Madrid y que está dando bastante de sí en mi diario ha sido que las distancias en la capital de España son relativas, o que la distancia que se supone que hay entre dos puntos en un mapa de la ciudad no tiene nada que ver con la realidad. Por ello, tras un largo paseo por Castellana, previa parada en los juzgados de Plaza Castilla(punto de visita obligado para los famosos), llegamos a otro masacote monumental como es el estadio Santiago Bernabeu. Ibamos buscando a Cristiano Ronaldo, pero nos tuvimos que conformar con verlo en un póster gigante que cubría uno de los edificios colindantes.
Tras otro paseito en Metro de Bernabeu a Nuevos Ministerios y de ahí a Méndez Álvaro(a veces pienso que cuando se va a Madrid se pasea más por el subsuelo que por la ciudad) llegamos a la estación de autobuses Madrid Sur donde aguardamos la salida de nuestro autobús.
¿Por qué las estaciones son siempre, sea la ciudad que sea, un punto de encuentro sexual? Sólo hay que entrar en un baño público de estas estaciones para encontrarte un nutrido grupo, en el caso de Madrid, de chicos en busca de sexo. Normalmente son extranjeros y lo hacen por dinero, pero ahí están, como la Puerta de Alcalá, viendo pasar el tiempo y en la mayoría de los casos sin alcanzar acuerdo alguno de los muchos intentos que realizan. Deben vivir en la estación, por la de horas que deben invertirle, y se lo montan bien, porque algunos van provisto de maletas, supongo que para despìstar y dar apariencia de ser un viajero mas.
Antes de partir nos compramos unos sandwiches vegetales, una coca cola y al autobús. Parecía que nos habíamos traido el ambiente de Chueca al bus ya que comenzaron a subir "niñas de pelo corto"(algunas menos de las que finalmente creíamos) que aquello más que un autobús parecía una carroza del Orgullo.
Exageraciones a un lado, tras dos idas y dos vueltas en bus a Madrid, cada vez se me van haciendo más llevaderos los viajes de 6 horas con parada intermedia para descansar y repostar. En este caso la vuelta, seríapor el cansancio, se me hizo más corta que la ida, con tiempo para leer, oír música y para comentar con mi compañero de viaje(mi marido, vamos). Sobre las 20:00 horas, la estación Plaza de Armas no esperaba y con ella el calor sevillano que como todo en Sevilla es diferente y especial.
No sé que tiene la ciudad, pero nada más llegar a ella se apoderó de nosotros una alegría y un ánimo del que carecíamos al salir de Madrid. Ahora nos toca concienciarnos, si es que es necesario, para nuestro próximo destino: Fuerteventura. Eso será el jueves y antes tenemos algunos asuntos pendientes en Sevilla del que ya te mantendré informado.

Ah, por cierto, se me olvidaba, que gusto da volver a la intimidad de tu alcoba, tras dos noches de intimidad perdida...

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